El tabaco es uno de los ejes principales de dos de las últimas películas que he tenido la oportunidad de visionar. En Smoking Room a un pobre diablo se le ocurre que la empresa en la que trabaja debería habilitar una habitación de dos metros cuadrados para que los fumadores no tengan que salir a la calle y helarse de frío en invierno. Una línea argumental muy diferente sigue Gracias por Fumar, en la cual la voz de la Academia de Estudios del Tabaco, creada por las propias tabacaleras para hacer frente a las acusaciones que su producto recibe por dañar la salud. Dos ideas harto distintas, pero con un objetivo claro: Criticar algo.

La ópera prima de Jason Reitman nos muestra las contradicciones y doble rasero de los defensores y enemigos del tabaco. Para ello es cierto que en parte sólo recurre a decir abiertamente verdades al acceso de cualquier hijo de vecino que indague un poco, pero es la hipocresía lo que la cinta de Reitman quiere contar y no es difícil deducir el impacto que ciertas verdades explícitas puede causar en la mayoría. Lo que cuenta no debería ser tan escandaloso ni sus ataques dar la sensación de estar saturados de veneno, pero vaya, se agradece el intento de universalizar esas verdades sin que ello suponga el hinchamiento del ego de algún documentalista (sí, aunque ni mucho menos me caiga mal, estoy pensando en Michael Moore).

La crítica de Smoking Room va más del lado del desinterés humano por el compañero de trabajo. El compartir espacio vital durante tanto tiempo apenas significa nada si uno no se molesta en conocer a la otra persona, aunque esto es insuficiente si a la otra persona le importan tres pimientos tus tentativas. Todo ello a través del personaje de Eduard Fernández (estupendo, como siempre), que se preocupa por sus compañeros y se esfuerza en defender los derechos del trabajador. A este respecto la conversación que mantiene con alguien que espera ser ascendido en breve es terroríficamente esclarecedora: Mientras uno se preocupa, el otro, pese a estar de acuerdo con él, pasa absolutamente de todo por no buscarse problemas. La apatía y el egoísmo traslucen como nunca en uno de los mejores momentos del filme.

Gracias por Fumar fundamenta su interés en un personaje dominante, a partir del cual se van desgranando los intríngulis argumentales. El carisma que Eckhart imprime a su personaje consigue que la cinta no se hunda demasiado en aquellos momentos en los que el interés del mensaje se resiente por el desdibujamiento que padecen ciertos personajes. Me refiero al líder político (correcto William H. Macy) y la ex-esposa del protagonista (pasable Kim Dickens), ya que el primero da en todo momento la sensación de ligera caricaturización y no logra transmitir su presunta posición de poderío y ella empieza odiando a su ex para ir suavizando dicha postura cuando ciertos comportamientos del protagonista invitaban a lo contrario. Luego quedan ciertos personajes algo desaprovechados (peaje inevitable en una película de estas características), pero lo molesto es lo anterior.

Por su parte, Smoking Room apuesta por un reparto coral sin un personaje que destaque claramente sobre los demás (al menos en términos de minutaje en pantalla) y en este caso su fallo es la inevitabilidad de que algunos personajes interesen menos que otros, aunque sin llegar a ser molesto en ningún momento. La pega es que actorazos como Eduard Fernández o Antonio Dechent no sobran dentro del cine español y en la comparación, aunque el resto no sale muy malparado, quedan algo por debajo. Que conste que la mayoría de ellos tiene sus grandes momentos (el enfado en el cuarto de baño, cuando uno le deja claro al reivindicador la realidad de las cosas o la reunión de los que han firmado), pero convenía matizar mis impresiones.

En la dirección las diferencias también son palpables, ya que la sobriedad, frescura y desenfado que Reitman imprime a Gracias por Fumar se diferencia sobremanera de lo que Gual y Wallovits pretenden con Smoking Room. La preferencia por los planos cortos (sin molestar en ningún momento, algo que por ejemplo sí sucedía en el arranque de la notable Hard Candy) podría llevar a la conclusión de querer dotar a la cinta de un aire opresivo, pero aparte de discutible resulta insuficiente. También la idea de emparentar la producción con cierto estilo de corte documental que recuerda lejanamente a la teleserie The Office (aunque el tono de humor de la muy recomendable obra de Ricky Gervais choca con la intensidad dramática de Smoking Room, amén de que el filme español obvia las declaraciones de forma directa a cámara) resulta insuficiente. La idea de una especie de batiburrillo (obviad todo posible matiz negativo de la palabra) para que las acciones de los personajes hagan que los escenarios pasen desapercibidos en muchos momentos y en las que el verismo de los acontecimientos resulta totalmente indiscutible (podría pasar perfectamente por realidad ficcionada).

Lo que nos queda finalmente son dos películas muy recomendables con el tabaco como único nexo de unión (aunque dicha conexión fue lo que hizo decidirme a ver Smoking Room tan de seguido) temático, pero con la crítica como objetivo común. Unos se centran en colectivos concretos, los otros a algo fácilmente extrapolable al conjunto de la sociedad. Sí me tengo que quedar con una (fijo que hay quien husmea mis votaciones en filmaffinity y observa una inesperada coincidencia en la nota, pero es que dicha web no permite la votación con decimales) no me cabe duda de que Smoking Room es mucho más interesante.

En definitiva, que ni yo mismo sé muy bien lo que quería decir más allá del hecho que Gracias por Fumar y Smoking Room son dos películas que merece la pena ver.

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