noviembre 2006


Bueno, ha llegado un momento en el blog en el que he decidido que era hora de hacer unos cambios. El esclavismo hacia los últimos estrenos me ha cansado y he decidido que los textos dedicados a este blog vayan por otros terrenos y destinar las críticas de lo que va llegando a nuestros cines a la web de El Pais Literario, donde cuelgo críticas con una inconstancia sonrojante, así que, nada, allí podréis encontrarlas. Es probable que haga lo mismo que en otros espacios que visito y deje constancia por aquí de lo que vaya colgándose por allí, pero es algo que no he terminado de decidir.

El otro asunto es que es probable que el nivel de actualización del blog (y de tiempo de visitas a los que frecuento) se resienta. Primero porque mañana empiezo las clases del doctorado y segundo porque es posible que busque algún trabajo a tiempo parcial para poder costearme de una vez el mald*** ADSL.

Sin más que decir, zanjo ya el post. Chau!

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El pasado viernes parecía que estaba siendo un buen día. Un día dando vueltas por ahí en sitios mil veces vistos pero sin aburrirme en ningún momento. Una gratísima sorpresa positiva viendo El Perfume, pero las cosas pueden cambiar muy rápidamente. He aquí que, como muchísimas otras veces, hice una sesión doble junto a Casino Royale en los cines Max Center de Baracaldo y todo iba normal hasta que de repente la película se cortó y se encendieron las luces de la sala. Pensé que hacía tiempo que no acudía a una película en la que hacían corte para ir al baño y no recordaba un caso en el que no avisaran de ello, pero bueno, cosas que pasan. Cinco-Diez minutos después se reanudó la película, dejando cierta sensación de haberse comido varios planos, pero se podía coger el hilo de la trama sin problema (bueno, es James Bond, seguramente si empezara la película a la mitad tb. lo pillaría…). La cosa siguió y nada relevante sucedía salvo la caída libre del interés de la cinta.

¿Dije nada? Bueno, cuando todo parecía estar resuelto, la película vuelve a cortarse e ipso facto se encienden las luces de toda la sala. Parecía que simplemente se había quemado el rollo de la película, cosas que pasan… pero no, los de la sala dieron la demencial excusa de que una tormenta (que luego supimos inexistente) había producido cortes de luz (con las luces de la sala encendidas!). De decir eso en voz alta a toda la sala fijo que se hubiera producido la de dios, pero eso se lo dijeron a una chica que estaba sentada cerca de mí, posiblemente la una que se molestó en preguntarlo. Pasaban los minutos y la gente de la sala empezaba a, como lo diría, cagarse en todo lo cagable. Era obvio que apenas quedaban unos minutos de película y los dos cortes ya habían alargado en casi veinte minutos el ya de por si demasiado generoso metraje de la película. De repente, tras, lo reconozco, gritar “¡Poned la Puta Película!” y un poco más de espera, se apagan las luces, va a volver la película… bien, al fin se acaba este tormento…. ¡Pero no! Menudos ilusos fuimos… la película volvió para mostrarnos los 15-30 segundos que precedían al comienzo de los créditos finales, dejando sin explicación alguna lo que vimos.

Volvieron las luces y a la salida de la sala cuatro personas de los cines esperando, pero no para dar explicaciones, sino simplemente para evitar posibles altercados. Toda la sala cabreada fue abandonando sus asientos mediante murmullos y pude oír varias voces hablando de reclamar, pero claro, los del cine no nos iban a poner ninguna facilidad para ello. Al salir, era fácil deducir que había que ir a la taquilla a quejarse, pero había unas colas de tres pares de cojones y medio para la inminente siguiente sesión, con lo cual la mayoría de la gente se marchó sin más. Mi hermana y yo decidimos volver al pasillo entre sala y sala y esperar a ver a algún trabajador del cine para ver a dónde nos mandaba para quejarnos, a ver si al menos había la decencia de reconocer el monumental estropicio y no mandarnos a la cola demencial. ¡Pues no! A la taquilla nos mandó. Mira tu que gracia, 20 minutos mínimo de espera adicional (porque el primer paro de para mear nada, que de esa misma sesión se avisaba de que iban a pasar el “genial” trailer de “El Motorista Fantasma” en las taquillas, pero de parones nanay), ahora más para poder expresar la queja.

En fin, tras media hora de cola, nos suministran las hojas de reclamaciones no sin cierta sensación de no querer dárnoslas (incitarnos a esperar más para rellenarla, ya que no había sitio donde apoyarse, pues una pareja había seguido nuestro mismo camino y estaba rellenando su hoja de reclamaciones). Me fue indispensable comentar que nos dieran dos, ya que creí que cuantas más quejas mejor (la otra pareja se ve que le pareció buena idea, pues pidió una hoja adicional para que cada uno mostrase su punto de vista) y tras rellenarla pensé que ya había acabado la mala experiencia en los cines…. ¡Pero tampoco! Resulta que me habían dado hojas de menos (una de las que se “copia” por debajo lo que escribes) para rellenarla y como la opción de hacernos una fotocopia no fue aceptada… tuve que rellenar una segunda hoja de reclamaciones. Maticé las mismas quejas, añadiendo el haber tenido que rellenar 2 veces la hoja de reclamaciones y finalmente sí, se acabó…. ¡pero ni hablar! No podía llegar la paz y que optaran por una solución facilona de darnos otra entrada para ir otro día o algo por el estilo. Como éramos pocos pues nos toca llevar una copia a no sé qué sitio de Bilbao y esperar que se tomen medidas. La verdad, dudo que tan siquiera le echen una ojeada y empiezo a pensar que esos que pasan de ir al cine y optan por ver las cosas descargadas del emule en copias de dudosa calidad tampoco están tan equivocados. Al menos ellos pueden ver la película completa…

P.D.: Ruego disculpas por posibles faltas ortográficas y o gramaticales. Bastante mal cuerpo me ha dejado como para encima dedicarles el esfuerzo de cuidar el texto. Creo que tal cual está se entiende perfectamente la sensación de frustración y cabreo padecida…

Bueno, ante la inminente disponibilidad del capítulo de Carpenter en la mulita aquí os dejo unos apuntes sobre las impresiones que me provocó durnate su visionado en el festival de Sitges:

– El toque atmósferico que realzaba Cigarette Burns desaparece en esta ocasión. La “suciedad” sería lo que mejor definiría el acabado visual de Pro Life, ya que en esta ocasión Carpenter abraza el look televisivo y si se olvida del extraordinario estilismo de su aportación previa a Masters of Horror. Eso sí, calificar negativamente su puesta en escena resulta erróneo, pues cada historia merece un tratamiento distinto y en el caso que nos ocupa la reiteración no es lo más aconsejable. Nos encontramos con la vertiente “cachonda” del cine de Carpenter, quizá menos vistosa, pero no por ello menos efectiva.

– La historia se aproxima más a la vertiente de gamberrada con ciertos toques salvajes (esa venganza del personaje de Perlman) que al terror. El humor, prácticamente nunca explícito, sobrevuela sobre gran parte de la cinta, con la salvedad del tramo inicial, donde un ligero suspense domina la situación. No obstante, es justo ahí donde Pro Life no puede ocultar ciertas debilidades en el arranque de la historia y es que en esta ocasión no estamos ante una propuesta que podría haberse alargado para llegar al metraje convencional de una película, sino que, en todo caso, la excusa argumental ya está ligeramente más estirada de lo deseable.

– Entre las actuaciones hay un poco de todo, pero el que destaca con luz propia es un estupendo Ron Perlman como el hombre que quiere evitar el aborto de su hija ante las voces “divinas” que le aconsejan actuar así. Demoledor e implacable, pero con la pega de que la comparativa destroza la actuación del resto del elenco. Los demás, transmiten la sensación de intérpretes puramente televisivos (más de telefilmes, de discutible y lineal interés, que de teleseries, donde hay de todo, pero cada vez más cosas buenas).

– El diseño de las criaturas que aparecen me resulta acertadísimo, conectando perfectamente con el tono gamberro de la propuesta.

Pensaba extenderme más, pero un bochornoso y patético acontecimiento me ha robado más de una hora de tiempo, amén de dejarme sin ver el final de una película y provocarme un cabreo de tres pares de narices. Pero de eso hablaré mañana, ahora me toca esperar al Spurs-Mavericks de Cuatro, a ver si así se me pasa la mala leche…

En los últimos tiempos, los templarios han gozado de una indiscutible popularidad gracias a Dan Brown y sus múltiples imitadores. No obstante, las leyendas acerca de dichos personajes ya habían tenido un acercamiento por parte de la cinematografía española, lo cual resulta particularmente singular dada la naturaleza de saga (inhabitual en nuestro cine) y de coquetear abiertamente con el cine gore y de terror, muy poco explotado en nuestro país (y es una pena, porque, por ejemplo, Bigas Luna dio lo mejor de sí en la excelente Angustia para luego perderse en cintas que entremezclaban lo romántico y lo erótico con desigual fortuna). El responsable de tal gesta responde al nombre de Armando de Ossorio, que entre 1971 y 1975 rodó cuatro recordados acercamientos a la figura de los templarios.

La Noche del Terror Ciego, primera del lote, lucha contra sus evidentes limitaciones presupuestarias apostando por la idea del pueblo maldito abandonado al que va a parar una incauta que ve como se la cargan sin piedad. Obviamente, tenía amigos que deciden investigar lo sucedido. Apostando por un microcosmos tan reducido (y además con el encanto añadido del ambiente del pueblo fantasma), Ossorio logra un estupendo dibujo de los templarios (denominados como guerreros en esta entrega) con una apariencia esquelética y capuchas que retrotraen las prácticas rituales de su época (explicitada en un simpático, aunque algo repetitivo, flashback), algo a lo que también ayuda la vertiente vampírica de sus crímenes. Pese a su estupendo desenlace, la cinta presenta graves carencias en el diseño de los personajes humanos (¿realmente espera que nos creamos que un traficante de drogas, por muy a pequeña escala que sea, se va a unir a los amigos de la fallecida en su ida al pueblo maldito en lugar de mandarlos al demonio?) y en las actuaciones de la mayor parte del metraje. Ese punto, unido a lo limitado de la presencia de los templarios, lo cual se traduce en varios momentos de molesto relleno, neutraliza las posibilidades de la propuesta, la cual se queda como una más que digna muestra de terror rural.

Para El Ataque de los Muertos Sin Ojos parece que la partida presupuestaria aumentó dado el éxito de la primera entrega. En este caso, uno no sabe muy bien si lo que tiene ante sus ojos es una precuela que muestra el motivo del desalojo del pueblo en el que están enterrados los templarios o una historia aparte en otro emplazamiento. El motivo de ello reside en el cambio de nombre del pueblo (se pasa de Berzano a Bouzano) y en el evidente problema de continuismo de la actividad de los templarios en la primera parte y el desenlace de ésta (claramente inferior al de La Noche del Terror Ciego) y en detalles como el origen de la falta de ojos de los templarios. Un pobre diablo (el tonto del pueblo) es el primero en conocer el prometido regreso de los templarios, los cuales arremeten contra el pueblo, que curiosamente está de fiesta. Tras acabar con la mayoría, la película divide la acción entre la amenaza del exterior donde se encuentran los templarios y el lugar donde los escasos supervivientes esperan la llegada de ayuda. Con un mejor perfil de los personajes (genial el malnacido del alcalde) y unas actuaciones superiores a su precedente, El Ataque de los Muertos Sin Ojos supera en muchos elementos a La Noche del Terror Ciego, aunque se echa en falta los rasgos vampíricos de la primera entrega y resulta molesta la preferencia por los planos cerrados para mostrarnos varias de las muertes (y es que la sombra de lo cutre también hace acto de presencia en algunas situaciones), amén de lo decepcionante (aunque consecuente) de su desenlace.

Las otras dos entregas de la saga no he podido visionarlas, así que me limitaré a comentar que El Buque Maldito cuenta con el aliciente de traspasar la acción a un barco fantasma (en un aparente regreso al encanto de la primera parte) y que La Noche de las Gaviotas promete potenciar los detalles rituales perfilados en La Noche del Terror Ciego obviados en El Ataque de los Muertos Sin Ojos. Sin más que decir, recomiendo obviar con todo el fervor posible la edición en dvd que JBP ha realizado de la segunda entrega (deleznable es poco para valorarla), aunque pronto será reeditada por otra compañía. La de Divisa de La Noche del Terror Ciego, sin ser una maravilla, no tiene grandes pegas. Espero que este acercamiento a una de las sagas más atípicas y curiosas de nuestro cine haya despertado vuestro interés si es que no la conocíais de antemano. No son maravillas, pero sí obras que, con todas su pegas (que no son pocas), merece la pena ver.

No son pocos los que consideran a España claramente a la cola de las ediciones en dvd y decisiones como la suspensión de la versión extendida de King Kong por parte de Universal parece darles la razón (por mi parte, supuso una alegría, ¿Realmente ese cagarro necesita más metraje?), pero he aquí que la Fox ha tenido la iniciativa estas últimas semanas de sacar reediciones chachiguays de la muerte de películas ya suficientemente explotadas en ese formato.

La primera en llegar. 3 películas por 200 euros. Que sí, que la cabeza mola y todo lo que se quiera, pero son 200 euros por una edición que nos llega con retraso respecto a otros países y a un precio timador timador…

La cosa se “normaliza” un poco más. Ahora son 5 películas por 200 euros, pero una de ellas ya se encontraba en el pack de Depredador y encima la saga Alien ya contada con dos ediciones conjuntas previas.

Bueno, mi caso favorito. 100 euros por una sola película cuya edición data de hace más de 5 años y que simplemente no modifican. Le agregan la preciosa (por que lo es) bola de nieve y a ver cuántos pican sólo por ese añadido…

En definitiva, una moda sacacuartos que al menos no ofrece cierto ahorro respecto al precio como suceden con los packs de todas las temporadas de alguna teleserie que también parece de moda últimamente como ya comentó battosaiiiii , sino simplemente siguiendo la línea de aquellas estupendas ediciones de El Señor de los Anillos, pero tarde, mal y demasiado caro.

Por mi parte, pasaré de todas, y eso que llevaba tiempo queriendo agenciarme Alien Quadrilogy pero aún me resistía. Si quieren que paguemos, que se lo curren antes y no nos vengan con precios estafadores…

Bueno, para variar un poco de las críticas al uso aquí os dejo un breve bosquejo sobre los rasgos esenciales de El Ilusionista.

– La historia de amor está sorprendentemente bien llevada (aunque tampoco sea una maravilla), no resulta ñoña, sino creíble, siendo esto vital para que el filme no haga aguas a las primeras de cambio.

– Las actuaciones, en general, son lo más destacable. Norton y Giamatti demuestran los motivos de su prestigio, aunque uno espera algo mejor de ellos, en especial del primero tras los rumores (espero que ya extinguidos) de una posible nominación al Óscar. Sorprende la solvencia de Jessica Biel y, aunque para nada lo haga mal, es cansino volver a encontrarse a Rufus Sewell como el villano de turno.

– A la dirección de Neil Burger le falta energía. Apenas sobresalen los momentos que se apoyan en el asombro visual de los trucos de Eisenheim. En el resto de metraje, parece sobrevolar cierta desgana (o falta de garra, no estoy del todo seguro) en la realización.

– El final estropea bastante el filme. Las redundancias explicativas nunca han sido muy de mi gusto, pero en El Ilusionista resultan irritantemente excesivas. Podría haberse dejado todo en el aire con una clara preferencia hacia la explicación seleccionada sólo cortando los flashes explicativos (aunque al menos obvia los mil fasos finales que sí afectan a futuros estrenos como Mentes en Blanco). Una pena, porque el mal sabor de boca que te deja impregna la valoración final de forma irremediable.

– La banda sonora compuesta por Philip Glass resulta errónea. No digo que sea mala (quizá sí pelin reiterativa respecto a otras obras suyas), pero sí que no casa con lo que vemos y parece realizada más para el lucimiento personal que otra cosa.

– A aspectos más técnicos como la fotografía o el vestuario no cabe buscarle reproche alguno, destacando la sobria vestimenta del protagonista, lo cual ayuda a potenciar el efecto que producen sus números de magia.

– Pese a todas las pegas, es una cinta entretenida con ciertos chispazos de brillantez, pero uno esperaba algo mucho mejor (sobre todo teniendo en cuenta la presencia de mi adorado Edward Norton) y parece que habrá que esperar hasta The Prestige para ver una cinta sobre la magia realmente inspirada.

P.D. Si tenéis que elegir entre que ver esta semana, por mi parte recomiendo sacrificar la que nos ocupa y acercaros a ver Borat .

Esta próxima semana voy a retomar una de las teleseries que mejor sabor de boca me han dejado en los últimos tiempos. Por motivo de ello (y de que ando algo vago) recupero un texto que escribí poco después de ver su primera temporada.

ARGUMENTO

Veronica Mars es una estudiante del selecto instituto Neptune, donde sólo va gente rica y gente que trabaja para los ricos. Hace un año, Veronica disfrutaba de la popularidad y la felicidad con su novio Duncan Kane y de la amistad de Lilly, hermana de él, pero el brutal asesinato de Lilly cambió las cosas para siempre cuando Keith Mars acusó al padre de Duncan de haber asesinado a su hija. No obstante, otro hombre confesó la autoría del crimen y Keith perdió su puesto de sheriff para reconvertirse en detective (aunque sin dejar de investigar la muerte de Lilly, ya que la confesión estaba lejos de convencerle), mientras que su hija Veronica pasó a ser una marginada en su instituto por optar en primera instancia por defender la actuación de su padre. Conviene señalar que la madre de Veronica se marchó de casa también como consecuencia de la actitud de Keith y es esto lo que más le cuesta sobrellevar a Veronica. Sentadas las bases de la serie, la primera temporada se centra en el intento de Veronica de esclarecer la muerte de su mejor amiga y de reencontrar a su madre.

EL ESTILO DE LA SERIE

Pese a que en el resumen de la trama he intentado pasar de puntillas por ello, “Veronica Mars” es una serie de corte juvenil (aunque eliminad de vuestra mente todo elemento peyorativo que asociéis a dicho término) y mi mayor temor era que acabase siendo una especie de “The OC” (con la que sí comparte el dudoso honor de que la repelente Paris Hilton ha participado en 1 episodio de ambas series), una serie simpática y entretenida cuya segunda temporada se emite actualmente por La2, pero que cuenta con demasiados rasgos de culebrón. Afortunadamente, “Veronica Mars” picotea elementos de muchas otras series, pero si tuviera que decantarme por un referente principal (en apariencia me sería fácil ligarlo con “Mujeres desesperadas” y su faceta de resolver un misterio notorio a lo largo de una temporada de forma pausada, pero “Veronica Mars” la supera en casi todas las facetas y, en especial, en la credibilidad de que sucedan cosas así) éste sería Joss Whedon (no por nada fan declarado de “Veronica Mars”, llegando a aparecer en un capítulo de la segunda temporada), creador de las notables “Buffy” y “Angel” y de la sublime “Firefly” (nunca me cansaré de reivindicar esta maravillosa serie cancelada muchísimo antes de tiempo por las poco preclaras mentes de Fox). Si algo caracteriza el estilo de Whedon es su gran capacidad para la construcción de personajes, aunque luego en lo referente a argumentos la irregularidad (y, en ocasiones, el absurdo) sea la tónica reinante, aunque siempre orientada a una trama central de temporada (la excepción sería la primera temporada de “Angel”, muy disfrutable, pero algo errática en este aspecto) de cuyo interés depende en buena medida la calidad momentánea de la serie. El caso de “Veronica Mars” es mimético al de las series de Whedon, con la ventaja para nosotros de que el irregular interés de las tramas de cada capítulo (no es lo mismo un robo sin más que un asunto de confusión de paternidades por parte del hospital) no se traduce en caídas y bajadas de interés de un capítulo a otro, ya que la serie empieza de forma maravillosa y va en aumento hasta alcanzar un nivel cercano a la matrícula de honor que mantiene durante el resto de la primera temporada. De la segunda temporada he oído comentarios que confirman mi teoría al achacar el (relativo) bajón de interés a una historia central de menor relevancia. Por mi parte no puedo asegurar nada al respecto por ahora.

En lo referentes a los rasgos estilísticos propios, “Veronica Mars” se apoya muchísimo en los flashback (recurso tan interesante como temible si se usa mal), tanto para la resolución de los casos del día como para el progresivo descubrimiento de la trama central, aunque en este caso la tendencia es mucho más acentuada en la primera mitad de temporada, en la cual las reapariciones de la fallecida Lilly quizá sean un poco excesivas. Otra de las características vitales de la serie son sus ágiles diálogos, a través de los cuales uno pronto se rinde al encanto de unos personajes magistralmente hilvanados (bueno, exagero un poco, pero sí que hay varios a los que esta definición se ajusta como anillo al dedo) y hace que las ocasionalmente intrascendentes tramas te importen bien poco, pues el resto de elementos (no había incidido directamente en ello, pero los guiones son prodigiosos) lo compensa con creces. Ah, y aunque quede como un pegote no quiero dejar de lado la acertadísima elección de la canción “We used to be friends” de The Dandy Warhols para el opening. A duras penas se me ocurren un par de series de imagen real (es que el miticismo nubla toda objetividad en las series de dibujos animados) en la que una canción preexistente cuadre tan bien con la realidad de la serie.

LOS PROBLEMAS DE LA SERIE

Teniendo en cuenta mi entusiasmo (sólo superado actualmente por el que siento por “24”, cuya quinta temporada lleva camino de ser de forma aplastante la mejor de las emitidas hasta ahora) hacia “Veronica Mars” me resulta imposible sacarle fallos relevantes más allá de una situación concreta en un capítulo u otro, pero sí que me fastidió la utilización de un doble cliffhanger (por dar una definición, aunque de mala manera, apuntar que vendría a ser una sorpresa final no revelada del todo y que, aparte de con ganas de querer matar al guionista, te deja con la tensión por ver qué sucederá) un poco decepcionante. Por un lado (sucediendo esto cuando aún faltan 10-15 minutos para el final de temporada), te deja con la duda de qué le pasa a un personaje y por el otro de quién va a ver a otro personaje, con el problema de que uno de los que cuenta con más papeletas es el que no sabemos qué es de él y esto resta fuerza a la “sorpresa” final. No sé, quizá sea demasiado quisquilloso (por cierto, perdón por revelar, aunque de forma muy genérica, ciertos detalles, pero era imprescindible), pero acostumbrado al nivel de la serie me chirrió un poco este detalle.

No obstante, a la hora de hablar de cosas malas hay que acudir a un factor externo a la serie para encontrar el auténtico punto oscuro de “Veronica Mars”. La serie está muy bien considerada y aún no he tenido trato con alguien que la haya visto y no le haya gustado, pero los índices de audiencia son bajísimos, tanto en USA como en España (aunque la decisión de ponerla los sábados a la hora del fútbol sólo en aquellas comunidades con canal autonómico tiene delito) y eso puso en tela de juicio su supervivencia desde poco después de empezar a emitirse. Por esto, la serie estuvo a punto de acabar en la primera temporada, pero el apoyo de los fans (las peticiones online muy de cuando en cuando tienen algo de importancia) y la reconocida calidad de la serie ha permitido una segunda temporada y se da casi por segura la tercera, ya que había muchas dudas por la fusión de 2 canales de televisión norteamericanos (UPN, uno de ellos, es el que emite la serie actualmente), pero todo indica que seguiremos teniendo más “Veronica Mars”. Otra cosa será si llega a España (aunque con el horrendo doblaje que le han puesto que en varios casos cambia el carácter de los personajes y, sobre todo, quita parte del carisma a los personajes tampoco me importa demasiado, porque no quiero verla doblada), ya que rondar el 2% de share, por mucho que sea en La2, es muy mala señal.

LOS PERSONAJES

El alma de la serie es Kristen Bell, una joven actriz que desconocía casi por completo hasta ver “Veronica Mars” (y eso que había visto “Spartan”, donde es la chica secuestrada, poco tiempo antes), pero actualmente me rindo ante su calidad como actriz, así que no esperéis el menor atisbo de objetividad por mi parte hacia ella. Lo primero que pensé al dejarme engatusar por la serie en un foro es que la protagonista era guapa y encima estaban dejando genial a la serie, así que tenía que verla (sé que este razonamiento me deja en mal lugar, pero yo pido muy poco para empezar a ver una serie de televisión, son mi talón de Aquiles actualmente). Pero en “Veronica Mars” encontramos que Bell es una actriz estupenda que brilla sobremanera como Veronica, una adolescente entre lo pillo y lo adorable que no duda en ayudar a todo aquel que se lo pida. En algunos casos me cuesta decir que una actuación es buena cuando se basa en el carisma como es el caso, pero la buena de Kristen se ha ganado un fan incondicional en mi persona. Espero que no la pifie (demasiado) en futuros trabajos, aunque tras “Veronica Mars” sólo la he visto en dos episodios de “Deadwood” (notable serie, teniendo esto mucho mérito por la desgana que despierta en mí el western), que curiosamente son mis dos favoritos hasta la fecha de los que llevo vistos de la primera temporada. ¿Casualidad?

Ya he apuntado la fuerza de los personajes de la serie, pero es imposible no tener a tus favoritos y en este caso son Keith Mars y Logan Echolls. Keith es el padre de Veronica, con la cual tiene una sanísima relación y uno sólo puede admirar sus “Who´s your daddy?” (que queda genial en la versión original, pero la doblada pierde toda la magia) y sus técnicas como detective, sabiamente heredadas por Veronica. A Keith lo interpreta Enrico Colantoni, rostro conocido por su papel de Elliot (El fotógrafo ligón) en la simpática “Dame un respiro” (emitida en su día por Canal +), pero que en “Veronica Mars” ofrece una interpretación muy superior y es complicado que no te encante su personaje (iba a decir que imposible, pero fijo que justo viene alguien que la ha visto y dice que no le gusta su personaje). Muy distinto es el personaje de Logan Echolls, ya que al principio de la serie empieza como el amigo gilipollas del novio (en este caso ex) de la protagonista con sus aires de machito, pero la transformación que sufre a lo largo de la primera temporada es tremenda, ya que al final, aunque mantiene ciertos aires en su actitud, se desvela como una persona muy distinta. El para mi desconocido Jason Dohring lo interpreta de forma loable, convirtiéndole en mi personaje favorito junto a Veronica (aquí sí que considero imposible no adorarla y eso que habitualmente tienden a caerme menos bien los protagonistas).

El resto de los personajes salen algo peor parados, a buen seguro porque Rob Marshall (creador de la serie que colaboró en su día en los guiones de “Dawson crece”) les presta menos atención, pero ahora voy a centrarme en la familia Kane, ya que es de ahí de donde proviene el gran misterio de la primera temporada. Por una parte, tenemos a Duncan Kane (al que da vida Teddy Dunn con corrección pero sin brllantez), ex de Veronica y (seguramente el) chico más popular del instituto Neptune. Además, fue el que descubrió el cadáver de su hermana Lilly (eficiente Amanda Seyfried) y los ataques que sufre ocasionalmente (para los cuales toma una medicación que él evita cuanto puede) inducen a pensar que quizá fue él quien cometió el crimen, pero el poder económico de la familia Kane puede ocultar casi cualquier cosa. Además, tenemos por ahí a Jake y Celeste Kane (cumplidores Kyle Secor y Lisa Thornhill) como los padres de una familia que podría ocultar más aún de lo que dejo entrever. La verdad, el misterio al que dan lugar es genial, pero la familia Kane (ojo, el único personaje fijo en el casting es Teddy Dunn por mucho que los haya equiparado a todos) como personajes aislados no tiene especial interés.

La familia Echolls también tiene su peso en la temporada, siendo Aaron Echolls (encarnado por un estupendo Harry Hamlin, actor cuya cara me sonaba muchísimo aunque no ubica y que chequeando su filmografía sigo sin saber porqué) el más destacado aparte de su hijo. Estrella de cine y muy mujeriego es un personaje que recuerda un tanto por actitud a su hijo Logan, aunque éste lo detesta. Aunque sólo salga en un par de episodios me gustaría reseñar la presencia de Alyson Hannigan (otro punto a favor de la conexión Whedon, ya que ella era Willow en “Buffy”) como Trina Echolls, la hermana mayor de Logan y un poco descarriada en la vida. Bastante interesante su personaje, aunque es natural que ella se centre más en “How I met your mother”. Otros personajes regulares en la serie son Wallace y Weevil. El primero comienza siendo el típico empollón objeto de la burla del sector popular que se convierte rápidamente en amigo de Veronica y que con el paso de los capítulos se gana el respeto y aprecio de la gente del instituto por el hecho de repetir su genialidad en la cancha de baloncesto. Un personaje estimable bien interpretado por Percy Daggs III (actor eminentemente televisivo, ya que hasta la fecha tan sólo ha aparecido en una película), con la pega de que los guionistas no le han dado suficiente cancha. Weevil es el “líder” del sector macarra del lugar, que mantiene una atípica relación de amistad-respeto con Veronica y no duda en relacionarse (me encanta el par de capítulos centrados en su extraña relación con Logan) o mofarse de los jóvenes de las altas esferas según le venga en gana. Un tal Francis Capra le da vida de forma muy acertada, pero sucede algo similar que con Wallace. Espero que mejoren este punto en la segunda temporada. Ojo, hay más personajes con varias apariciones, pero no es plan de eternizar el escrito (tampoco dispongo tiempo para ello) hasta el infinito.

CONCLUSIONES

“Veronica Mars” se ha convertido en mi segunda serie favorita de las que sigo actualmente, y el número ronda (o quizá lo supere, que últimamente he empezado a ver algunas como la discretísima “Numb3rs”) las cuarenta, por lo que es obvio que algo de mérito ya tiene. Por resumir sus virtudes diré que es una serie con un tono de comedia y suspense maravillosamente llevado y que además cuenta con un puñado de personajes antológicos, lo cual se une a unos guiones estupendos que lo convierten en una serie obligatoria para todos aquellos que sientan interés por los productos de calidad que, de cuando en cuando, nos ofrece la televisión. Vedla en versión original subtitulada, eso sí, que sino la cosa baja enteros.

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