diciembre 2006


Bueno, bueno, bueno…. este 2006 ya se nos muere y poco nos queda por hacer hasta que el 2007 nos posea sin remisión.

Así que, sin más, desearos que este tiempo deseado o no con la familia en armonía y comilonas a tutiplén sea lo más digerible posible. Una vez al año no hace daño.

Venga, que os den a todos por ahí hasta el 2007 y sed malos, que mola mucho más!

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La primera etapa de esta especie de comparativa entre el potencial y la realidad de las teleseries y las películas tiene como parada los personajes de las mismas. Establecer una relación en términos de igualdad resulta ya de entrada injusto debido a la diferencia de formato de ambos casos, pero ello no debe servir como excusa.

Los personajes fílmicos tienden a caracterizarse por la necesidad de superar un problema que surge alrededor de ellos, el cual se plantea, se desarrolla y se finiquita dentro de unos bien delimitados límites de duración. Dejando a lado posibles incompetencias del guionista de turno, los roles protagónicos son los mejores definidos y vertebran al resto a su alrededor. Aquí surge el primer problema esencial: ¿Cómo conseguir un equilibrio creíble en el apartado de secundarios? Es muy sencillo sacarse personajes de la manga para resolver situaciones puntuales (cuando no están directamente supeditados a discutibles giros de guión finales), otros cuya importancia residual en el relato no justifica su presencia, algunos que se ganan la simpatía / empatía del espectador pero que apenas gozan de unos minutos en pantalla, los cuales entroncan con la evidencia de los personajes desaprovechados: En el cine es común encontrar a intérpretes que, por una (falta de suficiente éxito para confiarle roles principales) u otra (actores en horas bajas) razón, caen en personajes muy por debajo de sus posibilidades y eso es algo que puede no resultar explícito para los que no tengan particular interés en ellos, pero al resto puede resultarle molesto. Ojo, la propia naturaleza de la película justifica en no pocas ocasiones la existencia de personajes con escaso relieve, ya que las limitaciones en términos de duración imposibilitan un desarrollo suficiente en todos los casos.

Ante esa situación podríamos refugiarnos en largometrajes de aire coral en el que nadie es el protagonista y todos lo son al mismo tiempo, pero, salvo meritorias excepciones, eso suele propiciar una dispersión, quizá no en el interés del devenir de la historia, pero sí en el desarrollo de los personajes. Existe un elemento, bastante arraigado en nuestros días, que, en principio, desafía las limitaciones de los personajes y es el fenómeno de las secuelas o sagas. Esto podría servir para ir desgranando elementos sobre la naturaleza de los protagonistas, enriquecer sus matices y dotar de mayor dimensión a aquellos que en las primeras entregas apenas cuenten con presencia en pantalla. No obstante, aquí nos encontramos con que en no pocas ocasiones el filme inicial cerraba las situaciones a nivel argumental y futuras entregas, dejando a un lado su posible calidad, se limitaban a operaciones para sacar el dinero a los fans de los personajes y, si acaso, alterar sólo levemente sus rasgos para no correr riesgos en su devenir comercial.

En el otro lado de la balanza encontramos a los personajes de teleseries, donde adoptar un patrón general es una imbecilidad injustificable, ya que cada serie sigue caminos distintos en el desarrollo de los mismos. Basta con comparar la planidad de “C.S.I.” con el ejemplar diseño de personajes de “El ala oeste de la Casablanca” para relativizar todo lo que diga a continuación. Pongamos que las teleseries cuidan, en general, el asunto de la continuidad en ilustrarnos elementos interiores de la vida de los personajes. Algunos lo harán peor (a trompicones, varios capítulos sin nada y grandes revelaciones ocasionales) y otros mejor (pequeños detalles en cada episodio que no sólo enriquece al personaje, sino a los que lo rodean y a la propia teleserie), pero aquí entra en juego un factor mal visto a nivel cinematográfico al ser entendido como apostar por lo fácil: La interpretación “reiterativa” nos permite calibrar mejor (pero sólo en cierto sentido) el nivel de los actores, porque en las películas el tema de la motivación que suscite determino personaje en el actor lo hipermotiva para sacar de sí más de su nivel real o se limita a pasar por ahí para cobrar el cheque. Dicho elemento desaparece (si estás hipermotivado… mantenlo durante años, ¡imposible! Y si apuestas por la apatía… seguramente la serie acabe por ser cancelada) en el campo de las teleseries, donde, la discusión debería estar entre en qué punto queda el asunto de calibrar si estamos ante un utópico nivel medio interpretativo que el actor puede dar o ante un asunto acomodaticio en el que el espectador puede estar tan entregado al personaje (el factor encariñamiento, vamos) que pase por alto situaciones que en una película chirriarían sobremanera.

Esta doble posibilidad permite por un lado apelar negativamente a la carrera de actores que se “refugian” en una teleserie con un “está acabado” y no molestarse en ver más allá. Pero, ¿Qué sucede si el actor está en la fase inicial de su carrera? ¿suerte de caer en un papel idóneo, por estar en una serie de gran éxito, porque el público de estas producciones no es tan exigente? Es tan fácil valorar despectivamente las teleseries como lo ha sido hacerlo respecto a los cómics. El problema reside es que es tan fácil como equivocado. Cierto que existe el acomodo interpretativo y eso es algo que encontramos en no pocas teleseries, pero antes hay que saber llegar a él (qué fácil es restar cualquier tipo de mérito a conseguir una supuesta empatía perfecta con el personaje) y es ahí donde reaparece la duda: ¿En qué momento el actor se ha acomodado al personaje? Una forma de luchar contra la idea de que sucede al de pocos capítulos (o directamente en el primero) es la sucesiva aparición de episodios que, si bien descuidan el pilar argumental de la serie, refuerzan el personaje, lo matizan, obliga a revisar sus características hasta ese momento y determina un punto y aparte respecto al mismo. La pega es que eso no se puede hacer episodio sí, episodio también y, en general, suele limitarse a ir desgranando detalles, insignificantes para algunos, pero vitales para otros.

Y creo que voy a ir dejándolo aquí, que me hubiera gustado apuntalar algún detalle más, pero tiempo habrá (no quería eternizar esto) cuando toque hablar del aspecto de la riqueza de las tramas.

No soy un consumidor habitual de cine español actual. Los motivos son sencillos: Hay pocos directores que me motiven a ver sus películas sin fijarme demasiado en sus historias y el resto, la verdad, normalmente las tramas no me llaman la atención y hace tiempo que dejé de fiarme de las críticas halagadoras hacia el cine nacional. Me quedó la clara sensación de sobrevalorar las producciones españolas por el mero hecho de serlo o de venir de la mano de tal o cual persona. Eso no me sirve, porque yo acepto la subjetividad, pero los trucajes interesados no. Esto me lleva a ver muy pocas producciones españolas en cine y además luego no me preocupo en recuperar la gran mayoría de lo que se hace. Simplemente no me interesa lo suficiente.

Es curioso que ante tal panorama haya visto las tres películas de Patricia Ferreira casi sin percatarme de ello. “Para que no me olvides”, la cinta que nos ocupa, supone la confirmación en el interés ascendente de su obra, la cual se inició con la mediocre “Sé quién eres” (la cual me recordó a la espléndida “Recuerda”, pero en una versión muchísimo menos interesante) y continuó con la entretenida “El alquimista impaciente” (cinta que tuvo cierto eco en su día por tener en su reparto al famoso actor porno Nacho Vidal) para ofrecernos ahora su película más conseguida. En esta ocasión, Ferreira se decanta por un drama intimista sobre la pérdida de un ser querido y la dificultad para superarlo que, en ciertos momentos, recuerda a la notable “La habitación del hijo”, aunque la cinta italiana se centra sobremanera en la influencia de la muerte en su padre y Ferreira prefiere darnos de una visión con más matices de la forma de sobrellevar la muerte de alguien a quien amamos.

La cinta destaca el protagonismo de Fernando Fernán Gómez, pero conviene no dejarse engañar por este dato. El veterano actor tiene un rol profundamente afable y conciliador, pero su peso en la película es menor. Su Mateo refleja a un hombre al que el dolor debió destrozar en su época, pero con el paso del tiempo ha aprendido a sobrellevarlo de la mejor forma posible. Es él el espejo en el que hay que mirar a las dos principales protagonistas femeninas. Me vais a permitir, aunque oficialmente ella conste como secundaria (con todo merecimiento fue nominada al Goya de mejor secundaria), que comience hablando de la bellísima Marta Etura. Ella es Clara, la novia de David, con el cual acaba de irse a vivir juntos y cuya muerte supone un golpe difícil de superar que la deja destrozada. No obstante, prefiere asumir la pérdida y mantener en su corazón a David, lo cual la destroza más en primera instancia. Hasta ahora siempre decía que Marta Etura me parece una actriz con una belleza por encima de cualquier tipo de discusión (y con una sonrisa que desarma y enamora con una facilidad preocupante), pero interpretativamente tenía mis dudas ante la irregularidad mostrada en las tres películas suyas que había visto hasta el momento. Pues bien, mis dudas han quedado totalmente disipadas ante la excelente actuación de Etura que consigue hacerte empatizar con los complejos sentimientos de su personaje. Bravo. También muy estimable resulta el trabajo de Emma Vilarasau, actriz que se ganó mi beneplácito por su trabajo en “Los sin nombre”, pero a la que había perdido la pista desde entonces. En “Para que no me olvides” interpreta a la madre de David, una mujer fuerte y decidida cuya relación con su hijo no pasa por su mejor momento. Quizá por eso la negación de la misma existencia de David supone la única salida que ella considera viable para su dolor, pero negar el dolor no hace que desaparezca. Vilarasau completa una actuación difícil con buena nota, pero a mi juicio está por debajo de las prestaciones de Etura.

Es en su mensaje donde “Para que no me olvides” se convierte en una muestra de interesante cine español. En la vida los buenos y los malos momentos son tan numerosos como imprevisibles, pero cuando los dolorosos se presentan de forma tan imprevista la vida parece perder sentido. Es cierto que nunca nadie ha podido garantizarnos que en la vida no íbamos a sufrir, a padecer dolores tan intensos y difíciles de curar que, en ocasiones, hasta casi preferiríamos no estar vivos, pero hay que continuar adelante. Es lo único que nos queda. No hay que buscarse escudos imaginarios ni hundirse a niveles subterráneos, porque no nos sirve de nada. Bueno sí, para desahogarnos (pero tampoco es cuestión de excederse, todo tiene un límite) y para eliminar posibilidades de alegrías en esos momentos en los que nada nos importa. La película de Ferreira incide en los tres puntos de vista posibles (cierto que cada uno podría tener matices muy distintos, pero una película así no conviene saturarla con personajes cuando es lo que transmite lo que realmente importa), habla de la experiencia del dolor, de lo imprevisto de su aparición y de muchas cosas relacionadas con ello. Probablemente, del dolor es de donde más enseñanzas podemos conseguir. El dolor es un ingrato maestro, pero sin duda efectivo.

Releyendo lo escrito parece que considere una gran película a “Para que no me olvides”, pero no quiero que nadie caiga en ese error. El filme de Ferreira es honesto y consecuente con lo que propone, pero es algo irregular y los momentos brillantes son menores de los que uno desearía con tan estimulante material. No obstante, lo que sí puede decirse es que es una muy buena película que no engaña a nadie y que destaca por las excelentes interpretaciones de su trío principal de actores, lo cual no es poco.

Despropósito en casi todos sus niveles que se beneficia de su escasa duración (apenas supera los 90 minutitos). Mala dirección, peor guión, flojas actuaciones, efectos desaprovechados y la continua sensación de haber visto ya lo que sucede la película, porque con un 75% de El señor de los anillos, un 20% de Star Wars y ligeros picoteos de otras fuentes nos sale esta película. ¿Lo bueno? Que tiende a ir directamente al grano, pero aún así de donde no hay nada es difícil poder sacar algo. Bueno, sí, qué remona es la dragona de pequeña.

Mi crítica del paisliterario: aquí

P.D.: Y con esto me despido hasta después de navidades. ¡Feliz comilona a todos!

El otro día, como ya comenté en el anterior post, me enteré de esta simpática festividad y entre que no tengo tiempo y me ha caído bien celebrar algo así entre tanto “dia de…” cansino, pues ea:

“Los chicos del foro de Abandomoviez.net estamos planificando una marcha de muertos vivientes el SÁBADO 3 DE FEBRERO del 2007 en MADRID, con motivo del Día del Orgullo Zombie, en conmemoración del cumpleaños de George A. Romero, que cumple 67 años el hombre.

El tito Romero es el creador de las películas de zombies que conocemos. Dirigió en 1968 la que ahora es todo un mito en el cine de terror, “La noche de los muertos vivientes”, a la que le siguieron “Zombie (Dawn of the dead)” 10 años después y “El día de los muertos” en 1985. Sus películas han sido imitadas en multitud de ocasiones, inlcuso se han hecho “secuelas no oficiales”, como es el caso de “El regreso de los muertos vivientes” en Estados Unidos y “Zombie 2” en Italia. También han habido remakes de su trilogía para una nueva generación: el técnico de efectos especiales de sangre y vísceras Tom Savini rodó en 1990 una nueva versión de “La noche de los muertos vivientes” bajo la supervisión del propio Romero; en 2004 Zack Snyder rodó “Amancer de los muertos”, que no es otra cosa que un remake de “Zombie” con su título original; y alcualmente Steve Miner está rodando el remake de “El día de los muertos”. Por su parte, Geroge A. Romero regresó en el 2005 con su cuarta película de zombies, “La tierra de los muertos vivientes”, y ahora mismo está rodando su quinta, “El diario de los muetos”, y planificando la secuela de “La tierra de mos muertos vivientes”. Entre tanto título como os acabo de soltar, alguno os sonará, ¿no?

Pues como ya he dicho, para homenajear a este caballero vamos a delcarar el 4 de febero como Día del Orgullo Zombie, y el SÁBADO 3 DE FEBERO del 2007, un día antes, lo celebraremos apiñándonos en MADRID disfrazados de muertos vivientes y caminando por las calles como tales. Toda España está invitada, la única regla es ir disfrazado y además que el disfraz sea bueno, no una simple careta de goma (es preferible el maquillaje).

Mowy (marcandopakete@hotmail.com) y yo (sephirothicfilms@gmail.com) aún estamos planificándolo, tenemos que pedir el permiso al Ayuntamiento de Madrid y aún no hemos determinado el itinerario que seguiremos y qué actividades realizaremos después. Si hay algún madrileño al que le entusiasme la idea nos vendría muy bien su ayuda, puedes agregarnos a cualquiera de los dos al Messenger.

De todas formas, siempre encontraréis información actualizada en esta dirección: http://elblogdesephiroth.blogspot.com/2006/12/4-de-febrero-el-da-del-orgullo-zombie.html , no la perdáis. También si os queréis apuntar podéis dejar un comentario para indicarlo, así como plantar cualquier duda que tengáis. Además podéis ver el vídeo de una marcha de muertos vivientes que se hizo en Estados Unidos que nos inspiró para el Día del Orgullo Zombie, muy divertido.

Se trata de pasarlo bien un día, hacer un poco el ganso pero sin gamberradas. Imaginad cuando el tito Romero se entere de la azaña, a lo mejor nos coge como extras en una de sus películas.

No perdáis el contacto, pasad este e-mail a vuestros colegas, sobre todo si sabéis que son aficionados a este tipo de cine, y aunque no lo seais, apuntaos, ya veréis que risa cuando salgamos en los periódicos. Este año será en Madrid, pero otros años se podría hacer Barcelona, Sevilla, Valladolid y otras ciudades. Nuestro lema: ¡Vivan los muertos!

http://www.abandomoviez.net
http://elblogdesephiroth.blogspot.com/”

Si Madrid no me pillase lejos yo iría…

Hoy tenía pensado hablar del simpático intento de festividad que pretende ser el día del orgullo zombie (si es que se va a acabar celebrando el día de la barra inanimada de carbono al final y todo…) pero ha llegado a mis oidos (más concretamente a mi móvil) la información de que el simpático concurso “Soy el que más sabe de Tv del Mundo” va a ser retirado de antena. La mecánica del programa consistía en responder una serie de preguntas, reconocer o cantar melodías de opening de diferentes programas o series de televisión y pruebas de esas características que suponían una variante la mar de agradecible dentro de la rutina de concursos pelin estúpidos como el ir abriendo cajas o memeces por el estilo. Un concurso con aire friki que me divirtió no pocas tardes de fin de semana.

No obstante, el quid de la cuestión y el motivo realmente importante es que mi best friend (es que ponerlo en castellano me parecía que quedaba ñoño a más no poder!) trabajaba en calidad de telespectador (para el que no viera nunca el concurso, básicamente un grupo de personas que comentaban la actualidad televisiva) y se ha quedado en el paro. Macho, ya lo siento. Y al resto, entended que me apetecía comentar esto : P

Estos días he podido ver varios rankings sobre lo mejor que ha deparado el cine en lo que va de año (yo me resisto a hacerlo hasta que al año no haya acabado realmente) y sigo sin comprender el enorme aprecio de muchos hacia esta película de Spielberg cuyos méritos me parecen harto sobredimensionados y sus defectos excesivamente olvidados. COmo ya en su día hablé sobre la película voy a limitarme a dejaros elegir entre el comentario extralargo o extrabreve (me temo que del primero pasaréis totalmente XD). Por mi parte, la considero una cinta de aprobado raspadito y gracias.

Versión extralarga: aquí

Versión extracorta: aquí

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