Otros asuntos me tienen algo distraído estos últimos días, así que me limito a dejaros un pequeño bosquejo acerca de Hollywoodland:

– Uno de los elementos más cuidados de la película se su notable detallismo para acercarnos al Hollywood de la época, algo en que el debutante en cine Allen Coulter posiblemente haya heredado de su carrera televisiva, dominada por su paso por varias series de la HBO.

– Además, el filme consigue un acertado halo de cine negro que sabe despojarse de la sensación de falsedad que desprende durante ciertas momentos de su inicio (la fiesta en la que se conocen los personajes de Affleck y Lane) y también en algún momento su banda sonora (en el resto de situaciones acertada, pero hay momentos en los que el acompañamiento musical sobra), amén de hilar con acierto la historia de la investigación de la muerte de Reeves y la vida de aquel.

– El único “pero” de cierta magnitud achacable a la película es la inevitable sensación de que al final no sabe del todo bien hacia dónde se dirige y opta por una resolución bastante poco interesante al haberse adscrito al estimulante cine que acoge como premisa la teoría de la conspiración, con J.F.K. como ejemplo aún no superado en dicha línea.

– Sorprende, pese a estar sobre aviso, la actuación del normalmente poco inspirado (por no decir alguna burrada) Ben Affleck. Sabe sumergirse en un perdedor cuyo éxito como uno de los iconos de la ficción (en este caso televisiva) mundial no le sirve y sus propias aspiraciones van camino de destruirlo. Te lo crees en todo momento, ya sea ilusionado, (algo) ególatra, pasota, dolido. No hay pero alguno que ponerle.

– Una línea paralela cabría trazar entre el personaje de Affleck y el de Adrien Brody. Sus propias aspiraciones les impiden conformarse con aquello que les costó conseguir y la autodestrucción parece su única salida. Cuesta, en ocasiones, creerse la determinación del personaje y la actitud pasiva de otros hacia él (su antiguo compañero), pero Brody soporta bien el peso de la investigación del caso Reeves, bajando algo el interés cuando el filme se centra en su desastrosa vida familiar (incluyo aquí lo referente a su ¿amante, novia?).

– El tercer personaje con peso realmente reseñable recae sobre Diane Lane y a mí me resulta el caso menos conseguido del trío. Cierto que juega con un personaje que se mantiene más en la sombra (más evidente en la historia de la investigación, donde su ausencia caracteriza al personaje), ya sea para apoyar a Reeves a la vez que pone ciertos límites a sus ansias de más (muy efectivo el momento del pase al público en una sala de cine) u otras situaciones. Tal vez por eso algunos valoren más su trabajo, pero yo quedé marcado por la introducción del personaje y su forma de coquetear con Reeves casi me saca de la película del todo. Vale, quizá me exceda con mis reproches (mayormente por sus risotadas hipermegaultrafalsas) y los momentos en que vuelve al primer plano (cierta conversación aclaratoria de la realidad con Reeves) lo compensen, pero ea.

– El resto de secundarios cumple a la perfección con su cometido, aunque, en líneas generales, sus personajes tienden a quedar menos definidos de lo que a uno le gustaría, en especial el caso de Bob Hoskins como tiránico dirigente de un estudio hollywoodiense o el de Robin Tunney (estupenda durante sus primeras apariciones, luego baja algo el nivel) como la pareja de Reeves, pero para retratarlos del todo haría falta más que una película. Fuera de esto queda Molly Parker (estupenda en Deadwood), ya que su personaje directamente no interesa.

– En líneas generales es una película notable que capta el interés del espectador acogiéndose al “¿Y si no pasó lo que se dice que pasó?”, realzada por un buen trabajo interpretativo, una estimable labor de su director y una ambientación impecable. Queda por el camino ciertos asuntos que hubiera sido mejor perfilar mejor, pero al menos no estamos ante otro desastre tipo La Dalia Negra (que es lo que temía ante ciertos elementos iniciales del filme). En fin, que podría haber sido mejor, pero para nada es poco lo que nos ofrece Hollywoodland.

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