Hay quien se queja de la escasa capacidad de variación de las teleseries a lo largo de su más o menos larga vida, pero también los que reniegan de aquellas de las que un día fueron fans por la degeneración argumental a la que la someten sus guionistas. ¿Es posible encontrar un punto medio que satisfaga a los enemigos del estatismo y a los que prefieren evitar remodelaciones profundas en aquello que ya les gusta? Yo al menos creo que sí, pero éste no es el momento de hacer un análisis pormenorizado con múltiples ejemplos que demuestren que esto sucede o que a veces los cambios importantes no son necesarios, más que nada porque ya a mí me aburriría escribirlo así que no quiero ni imaginarlo el leerlo. Lo que me apetece es apuntar la doble mutación “padecida” por Los Hombres de Paco. Si eso, más adelante entraré con otras.

La serie española comenzó como un desigual batiburrillo de humor absurdo en el que destacaban dos líneas argumentales centrales condenadas a cruzarse al final de cada episodio. Por una parte, teníamos al trío policial protagonista con sus curiosas formas de resolver los casos que era donde la serie conseguía mayor interés, pero a cambio teníamos las subtramas de los personajes de Adriana Ozores y Neus Asensi en los que la serie bajaba muchos enteros y daban ganas de mandar a la serie a tomar por saco. Como las audiencias no acompañaron, la serie acabó con rapidez su primera temporada y remodeló sus esquema de cara al futuro.

Se mantuvieron los casos del trío protagonista (que con el tiempo se volvieron algo repetitivos, pero seguían teniendo su encanto), se eliminaba las molestas subtramas para reforzar el interés del resto de policías del cuartelillo de turno (un acierto, ya que hasta entonces estaban demasiado desdibujados). La pega es que con el tiempo se introdujo un fuerte componente de culebrón con la relación amorosa “que si sí que si no” de Lucas, muy eficiente Hugo Silva, con la hija adolescente del protagonista. Por el camino es cierto que la serie empezó a usar con acierto cliffhangers (algo en lo que el producto patrio no es estira demasiado), pero la sensación de reiteración continuada tanto en los casos policiales como en esa problemática relación amorosa acabó provocando un conato de decadencia que finalmente se solventó con un notable final de temporada al dejar con la duda sobre la posible muerte de uno de los personajes (estaba enterrado vivo) y la necesidad del personaje de Michelle Jenner de elegir entre su familia o el amor de su vida.

Pues hace bien poco la serie ha vuelto a nuestras pantallas reformulándose de nuevo: El drama se ha apoderado de la serie y sólo alguna pequeña subtrama (El comisario, interpretado con solvencia por Juan Diego, intentando relacionarse con sus subalternos) recupera el humor absurdo de sus orígenes. El resto oscila entre las pésimas vibraciones que destila el ambiente en el seno familiar de su protagonista (lo cual le lleva a fingir un infarto, cuyo componente cómico hubiera sido muy explotado en épocas anteriores, pero no ahora), la agria relación entre Paco (grata sorpresa la actuación de Paco Tous) y Lucas que lleva al tercer integrante del grupo (más que correcto pepón Nieto) a fingir su propio secuestro para reconciliarlos (nueva vía cómica que la serie prefiere obviar en estos momentos). Y lo que sucede es que cuando la serie para reconducir todo para un regreso al aire cómico de antaño nos han salido con un nuevo y acertado cliffhanger que deriva el dramatismo hacia un interesante suspense.

El resultado de todo esto ha sido que las audiencia han subido de temporada a temporada y actualmente se encuentra en un más que exitoso 24% de share. Puede que no guste el humor de la serie ni su tendencia a estirarlo todo demasiado (el mal endémico de la excesiva duración de las teleseries españolas ayuda mucho en este punto) ni el reiterar en exceso ciertas vías argumentales ni la serie en sí misma, pero que, al menos hasta ahora, ha sabido reconducirse sin que sus cambios hayan chirriado de forma sensible creo que resulta innegable. Por mi parte, la considero la mejor teleserie española de la actualidad, lo cual, en realidad, tampoco es decir mucho, pero vaya, mientras siga entreteniéndome (que lo hace, y mucho) y no se obcequé en caer una y otra vez en los mismos fallos (algo que otras no tienen rubor en hacer) seguiré viéndola.

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