Series de Televisión


¿Alguien creía que el “inigualable” Adolf Hitler se libraría de protagonizar una telecomedia? Pues creía mal, he aquí la prueba:

No ya tanto como decir que “El hermano de otra serie” sea mi episodio favorito de Los Simpson (aunque no anda nada lejos), pero sí que tiene un encanto especial al unir las excelencias de la familia amarilla con la brillantez de Frasier

¿A que viene esto? Pues entre que el sábado pasado Antena 3 emitió el lamentable regreso de Bob a la serie del que sólo se salvaba un gag a costa de Padre de Familia y Padre made in Usa y que hoy se ha podido ver al fin un trailer de verdad de la película (que me ha gustado mucho más de lo esperado) pues me ha dado por ahí.

Esto pretendía ser un repaso a los mejores episodios de Buffy cazavampiros con el motivo de que al fin he podido hacerme con el gigachachipack que incluye todas las temporadas de la serie y buscaba conseguir que aquellos que reniegan de ella le dieran una muy merecida segunda oportunidad (o tercera, o cuarta o quinta, es igual) o que los que directamente la mandaron a paseo sin molestarse en ver nada pudieran escoger alguno de sus capítulos más destacados. El problema es que la lista se me disparaba y alguno de ellos realmente no servían como aproximación parcial a la serie que incitase a seguir viéndola porque contenían unos spoilers del copón y no era plan.

Además, intentar convencer a los incrédulos de cosas como que en un episodio Buffy estuviese manteniendo una lucha a muerte con un vampiro que resulta ser un antiguo compañero de clase con el que mantiene una charla en la que él la psicoanaliza a ella o de la que propia serie propone en un estupendo capítulo que todo lo que hemos visto hasta ese momento puede no ser más que el producto de la mente desquiciada de su protagonista puede ser muy complicado. ¿Y sabéis por qué? Pues porque Buffy tiene un estilo difícilmente definible que se balancea con total tranquilidad entre la comedia, la ciencia ficción, el drama (y melodrama), lo romántico, el cine de terror, el thriller, el suspense e incluso se permite jugar en un curioso episodio al estilo de David Lynch.

Lo difícil de tal mestizaje de géneros es conseguir un equilibrio que haga mantener a la serie el brillantísimo (tanto como no recuerdo en prácticamente ninguna otra teleserie o película) nivel que alcance en determinados momentos. Esa es la gran pega de Buffy, algo que Joss Whedon consiguió terminar de pulir en la excelsa Firefly (donde también abarcaba el campo del western, posiblemente el único género que Buffy dejó de lado a lo largo de sus siete temporadas), pero que aquí mantiene un encanto iniciático difícil de igualar. Y es que cuando realmente le pilla el punto a la serie hasta capítulos de dudosa categoría como el que enfrenta a la protagonista con el mítico Drácula resultan muy simpáticos pese a sus evidentes carencias.

No obstante, voy a transgredir lo dicho anteriormente sobre hacer un listado de episodios para referirme brevemente a 3 episodios memorables de la serie (por orden de preferencia), sin cuyo visionado cualquier opinión que se pueda hacer de la misma será incompleto.

3- FOOL FOR LOVE

Ubicado en la estupenda quinta temporada (quizá la mejor junto a la tercera), se centra en dos líneas argumentales. La menos interesante, aunque mantiene la habitual simpatía de la serie, se centra en la pandilla y Riley (su novio de turno) resolviendo el misterio de la semana, pero es la otra la que realmente llama la atención. Nuestra protagonista tiene miedo a ser derrotada en un combate tras un momento de debilidad en el último, por lo que recurre a Spike, un (relativamente) redimido vampiro que ha acabado con varias Cazadoras a lo largo de su vida, para saber cómo logró acabar con ellas. A través de los flashbacks conocemos en profundidad el pasado del posiblemente mejor personaje de toda la serie, amén de formar un díptico imprescindible con otro episodio de la segunda de Angel.

2- ONCE MORE, WITH FEELING

El episodio musical (imposible referirse de buenas a primeras a él de otra forma). La primera vez que lo vi estaba aún en la fase de rechazo a la serie (y es que cuando ves algo estando totalmente dispuesto en su contra es imposible medir bien sus méritos), por lo cual no pude disfrutarlo como era debido. La excusa argumental es tan sencilla como que se convoca a un demonio que hace que todo el mundo baile y cante sin poder hacer nada para remediarlo. Y es que Whedon ya había tanteado la musicalidad de sus intérpretes en Angel (estupenda la idea del bar con karaoke para criaturas demoníacas) y Once More, With Feeling no era más que el paso siguiente a dar. Unas deliciosas letras para las canciones que permiten su disfrute tanto en la línea argumental central de la temporada como para todo aquel que quiera disfrutarlo como la deliciosa rareza ante la que nos encontramos domina la función. Además, Whedon se encarga de alterar nuestra concepción al cambiar la cabecera y la sintonía de entrada amén de cerrar el episodio al estilo de varios musicales de antaño. Divertido, entrañable, único y revelador en las relaciones entre los personajes. Irrepetible.

1- HUSH

Posiblemente mi episodio favorito no ya de Buffy, sino de todas las teleseries que he visto, y pese a mi edad a no pocos os consta que su número no es escaso. Si en el caso anterior, los musicales eran los homenajeados, ahora el turno le llega al cine mudo, pues , tras un primer acto más o menos funcional, se nos revela que una serie de misteriosas criaturas se apoderan de la voz de la gente para luego poder quitarles otra “cosa”. Una insuperable mezcla de drama, comedia, romance y, sobre todo, una perversa y terrorífica historia digna de un cuento de hadas conforman esta genialidad que también permite avanzar la trama de la serie, amén de asentar elementos venideros sin que eso impida para nada su disfrute individual. Además, el diseño de las monstruosas criaturas está logradísimo, algo que sorprende más sabida la tendencia de la serie a fallar más de lo debido en este aspecto. Imprescindible.

En definitiva, echadle un ojo a esos tres episodios si es que os da por ahí, sino, bueno, ¡no habrá sido porque no lo he intentado!

Y a los que ya os hayáis rendido a la evidencia del talento de Joss Whedon… ¿Estáis conforme con esta modesta y reducida selección?

Hay quien se queja de la escasa capacidad de variación de las teleseries a lo largo de su más o menos larga vida, pero también los que reniegan de aquellas de las que un día fueron fans por la degeneración argumental a la que la someten sus guionistas. ¿Es posible encontrar un punto medio que satisfaga a los enemigos del estatismo y a los que prefieren evitar remodelaciones profundas en aquello que ya les gusta? Yo al menos creo que sí, pero éste no es el momento de hacer un análisis pormenorizado con múltiples ejemplos que demuestren que esto sucede o que a veces los cambios importantes no son necesarios, más que nada porque ya a mí me aburriría escribirlo así que no quiero ni imaginarlo el leerlo. Lo que me apetece es apuntar la doble mutación “padecida” por Los Hombres de Paco. Si eso, más adelante entraré con otras.

La serie española comenzó como un desigual batiburrillo de humor absurdo en el que destacaban dos líneas argumentales centrales condenadas a cruzarse al final de cada episodio. Por una parte, teníamos al trío policial protagonista con sus curiosas formas de resolver los casos que era donde la serie conseguía mayor interés, pero a cambio teníamos las subtramas de los personajes de Adriana Ozores y Neus Asensi en los que la serie bajaba muchos enteros y daban ganas de mandar a la serie a tomar por saco. Como las audiencias no acompañaron, la serie acabó con rapidez su primera temporada y remodeló sus esquema de cara al futuro.

Se mantuvieron los casos del trío protagonista (que con el tiempo se volvieron algo repetitivos, pero seguían teniendo su encanto), se eliminaba las molestas subtramas para reforzar el interés del resto de policías del cuartelillo de turno (un acierto, ya que hasta entonces estaban demasiado desdibujados). La pega es que con el tiempo se introdujo un fuerte componente de culebrón con la relación amorosa “que si sí que si no” de Lucas, muy eficiente Hugo Silva, con la hija adolescente del protagonista. Por el camino es cierto que la serie empezó a usar con acierto cliffhangers (algo en lo que el producto patrio no es estira demasiado), pero la sensación de reiteración continuada tanto en los casos policiales como en esa problemática relación amorosa acabó provocando un conato de decadencia que finalmente se solventó con un notable final de temporada al dejar con la duda sobre la posible muerte de uno de los personajes (estaba enterrado vivo) y la necesidad del personaje de Michelle Jenner de elegir entre su familia o el amor de su vida.

Pues hace bien poco la serie ha vuelto a nuestras pantallas reformulándose de nuevo: El drama se ha apoderado de la serie y sólo alguna pequeña subtrama (El comisario, interpretado con solvencia por Juan Diego, intentando relacionarse con sus subalternos) recupera el humor absurdo de sus orígenes. El resto oscila entre las pésimas vibraciones que destila el ambiente en el seno familiar de su protagonista (lo cual le lleva a fingir un infarto, cuyo componente cómico hubiera sido muy explotado en épocas anteriores, pero no ahora), la agria relación entre Paco (grata sorpresa la actuación de Paco Tous) y Lucas que lleva al tercer integrante del grupo (más que correcto pepón Nieto) a fingir su propio secuestro para reconciliarlos (nueva vía cómica que la serie prefiere obviar en estos momentos). Y lo que sucede es que cuando la serie para reconducir todo para un regreso al aire cómico de antaño nos han salido con un nuevo y acertado cliffhanger que deriva el dramatismo hacia un interesante suspense.

El resultado de todo esto ha sido que las audiencia han subido de temporada a temporada y actualmente se encuentra en un más que exitoso 24% de share. Puede que no guste el humor de la serie ni su tendencia a estirarlo todo demasiado (el mal endémico de la excesiva duración de las teleseries españolas ayuda mucho en este punto) ni el reiterar en exceso ciertas vías argumentales ni la serie en sí misma, pero que, al menos hasta ahora, ha sabido reconducirse sin que sus cambios hayan chirriado de forma sensible creo que resulta innegable. Por mi parte, la considero la mejor teleserie española de la actualidad, lo cual, en realidad, tampoco es decir mucho, pero vaya, mientras siga entreteniéndome (que lo hace, y mucho) y no se obcequé en caer una y otra vez en los mismos fallos (algo que otras no tienen rubor en hacer) seguiré viéndola.

Bueno, bueno, bueno, incluso con adelanto a su estreno en la televisión norteamericana (entre hoy y mañana se estrenan los 4 primeros episodios de esta sexta temporada de 24), pero nuestro adorado Jack Bauer ha regresado (¡benditas filtraciones!), pelin cambiado, pero con que vuelva nos conformamos y babeamos a partes similares. Vaya por delante el aviso de spoilers a tutiplén (es que de no ser así… ¿qué gracia tendría sino comentar 4 capítulos?) en las sucesivas líneas, así que luego nadie me venga con quejas!

Tras su secuestro por parte de las autoridades chinas han pasado 2 añetes con Jack recibiendo más golpes que el pobre Sawyer en lo que lleva de tercera temporada de Lost. Pero mira tu por donde el gobierno norteamericano acepta todas las peticiones chinas para liberarle. Guay ¿no? Pues va a ser que ni de lejos, porque su liberación se debe a que en suelo norteamericano se están sucediendo los ataques terroristas con miles de bajas y la única forma de dar con el cabecilla es ceder a un chantaje que aparte de 25 míseros millones de dólares exige que les den a Bauer para darle la bienvenida a su tumba.

Hasta ahí pocas novedades había para aquellos que esperábamos el regreso de 24 como agua de mayo, así que spoileemos! Jack está jodido. Vale, lleva jodido la de dios desde que se cargaron a su esposa al final de la primera temporada, pero ahora está más jodido todavía. Parece que ha perdido parte de su olfato sonsacador de información (esa mierda de interrogatorio para localizador al terrorista jefe… que fijo más adelante descubriremos que no es más que un sicario de otra persona, vamos, me apuesto casi lo que sea) y no vamos a decir que se ha reblandecido (pegar un pedazo bocado a la yugular de alguien pa matarle tiene su “mérito”) porque eso son sandeces, pero aparte de tener más cicatrices en el cuerpo de las que debería tener el inefable Rocky Balboa (en este caso un regreso… que creo nadie quería) su carácter se ha aplacado. Vaya, si antes hubiese matado a 50, ¡ahora sólo serán 20 los que caigan!

Del resto de personajes conocidos…. pues en general en su línea, parecía que le iban a sacar más partido a Curtis (que siempre, incluso cuando coincidian, lo veía como un posible sustituto barato de mi ídolo Tony Almeida), pero que le den mucho por ahí. Memorable el momento en el que Jack se lo carga para proteger la vida de un terrorista que les hace falta. Vaya, que sí, que el terrorista se habrá reformado (que a saber, con la de giros de guión que tiene 24 igual se revela como terrorista de verdad para luego sacarse una máscara y ser… no sé… Charlie Sheen!), pero cojones, cargarse a un amigo (bueno, casi más conocido que otra cosa en este caso) así por las buenas…. El resto, lo dicho, cumplen, aunque si ya resultaba anacrónico ver a un presidente de USA negro… repetirlo con su hermano, uf…. bueno, al menos no es una mujer negra y homosexual, eso sí que sería el cenit de lo nada creíble!

Y ahora llega el momento de los personajes nuevos. El peor de todos es el horror ese de hermana del presidente. Uy que guay, una abogada que lucha por los derechos civiles, uy que guay que recuerda su hermano que no hay que saltarse la ley por mucho ataque terrorista a mansalva que haya. ¡Que la den! ¡Exijo su muerte antes del capítulo… eeerr… que se yo… ¿16?! Luego tenemos al Bizcochito de “Ally McBeal” como un consejero que quiere aplicar la ley marcial. No es que sea la releche, pero pensaba que no iba a creermelo y cuela bastante bien. Veremos cuando se ponga a hacer carbonadas por su cuenta, porque las hará… o también exigiré su muerte! Del resto de nuevos… pues más o menos ya los conocíamos, aunque la reaparición de Eric Balfour no me ha gustado. Con lo simpático que era en la primera temporada y ahora dan ganas de reventarle la cara contra cualquier sitio! Ah, bueno, lo mismo pasa con el marido de Chloe, pero al menos éste es un hijo de puta que cae simpático por serlo xD

Sobre el gran misterio… pues no han terminado de exprimirlo del todo estos 4 capítulos, pero claro, es la recta inicial y no se puede empezar cargándose a 2 personajes míticos de la serie como se hizo por las buenas en el comienzo de la quinta… Ha molado, aunque ya lo veía venir en cuando mencionaron lo de la bomba nuclear, que la mencionada bomba explote en pleno Los Angeles. A tomar por culo, todos muertos y jack debería sufrir algún tipo de… ¿mutación? ¿Jack Bauer metes X-men? No estaría mal… Pero claro, Jack es sobrehumano, así que me extraña que no haya echado a volar a lo Nathan Petrelli (de “Heroes” por si alguien no le ubica) , haya cogido la bomba y la haya expulsado en pleno vacío cósmico para a la vez evitar una invasión alienígena (que es lo que le falta a 24, que ataquen extraterrestres!, ah bueno, y la opción zombies para recuperar a Tony Almeida no me desagrada xD) y a la vez rescate alguna expedición de la NASA que se había extraviado. ¡Y aún así pensaríamos que podría haber dado más de sí!

En fin, ahora nos han dejado con que los terroristas tienen otras 4 bombitas nucleares que un pelin de pupa sí que pueden hacer, amen de que Jack está todavía más destrozado tras cargarse a Curtis (con un par!) y que igual se enfada y no respira un rato para no seguir luchando contra todo Dios porque no hay nadie más como él. En definitiva, buen arranque de temporada aunque no mítico (salvo momentos sueltos). Esperemos que suban el nivel y nos salgan con cosas tan rebuscadas y adrenalíticas que no queramos hacer otra cosa que seguir viendo más y más episodios aunque sea a costa de nuestro (discutible) bienestar mental.

Venga, hasta otra!

P.D. Para los que 24 os importe tres pepinos decir que en breve volveré con un chachipiruli (u horrible de la muerte, según gustos) especial de varias etapas dedicado a Christopher Nolan. Nos vemos entonces 🙂

La primera etapa de esta especie de comparativa entre el potencial y la realidad de las teleseries y las películas tiene como parada los personajes de las mismas. Establecer una relación en términos de igualdad resulta ya de entrada injusto debido a la diferencia de formato de ambos casos, pero ello no debe servir como excusa.

Los personajes fílmicos tienden a caracterizarse por la necesidad de superar un problema que surge alrededor de ellos, el cual se plantea, se desarrolla y se finiquita dentro de unos bien delimitados límites de duración. Dejando a lado posibles incompetencias del guionista de turno, los roles protagónicos son los mejores definidos y vertebran al resto a su alrededor. Aquí surge el primer problema esencial: ¿Cómo conseguir un equilibrio creíble en el apartado de secundarios? Es muy sencillo sacarse personajes de la manga para resolver situaciones puntuales (cuando no están directamente supeditados a discutibles giros de guión finales), otros cuya importancia residual en el relato no justifica su presencia, algunos que se ganan la simpatía / empatía del espectador pero que apenas gozan de unos minutos en pantalla, los cuales entroncan con la evidencia de los personajes desaprovechados: En el cine es común encontrar a intérpretes que, por una (falta de suficiente éxito para confiarle roles principales) u otra (actores en horas bajas) razón, caen en personajes muy por debajo de sus posibilidades y eso es algo que puede no resultar explícito para los que no tengan particular interés en ellos, pero al resto puede resultarle molesto. Ojo, la propia naturaleza de la película justifica en no pocas ocasiones la existencia de personajes con escaso relieve, ya que las limitaciones en términos de duración imposibilitan un desarrollo suficiente en todos los casos.

Ante esa situación podríamos refugiarnos en largometrajes de aire coral en el que nadie es el protagonista y todos lo son al mismo tiempo, pero, salvo meritorias excepciones, eso suele propiciar una dispersión, quizá no en el interés del devenir de la historia, pero sí en el desarrollo de los personajes. Existe un elemento, bastante arraigado en nuestros días, que, en principio, desafía las limitaciones de los personajes y es el fenómeno de las secuelas o sagas. Esto podría servir para ir desgranando elementos sobre la naturaleza de los protagonistas, enriquecer sus matices y dotar de mayor dimensión a aquellos que en las primeras entregas apenas cuenten con presencia en pantalla. No obstante, aquí nos encontramos con que en no pocas ocasiones el filme inicial cerraba las situaciones a nivel argumental y futuras entregas, dejando a un lado su posible calidad, se limitaban a operaciones para sacar el dinero a los fans de los personajes y, si acaso, alterar sólo levemente sus rasgos para no correr riesgos en su devenir comercial.

En el otro lado de la balanza encontramos a los personajes de teleseries, donde adoptar un patrón general es una imbecilidad injustificable, ya que cada serie sigue caminos distintos en el desarrollo de los mismos. Basta con comparar la planidad de “C.S.I.” con el ejemplar diseño de personajes de “El ala oeste de la Casablanca” para relativizar todo lo que diga a continuación. Pongamos que las teleseries cuidan, en general, el asunto de la continuidad en ilustrarnos elementos interiores de la vida de los personajes. Algunos lo harán peor (a trompicones, varios capítulos sin nada y grandes revelaciones ocasionales) y otros mejor (pequeños detalles en cada episodio que no sólo enriquece al personaje, sino a los que lo rodean y a la propia teleserie), pero aquí entra en juego un factor mal visto a nivel cinematográfico al ser entendido como apostar por lo fácil: La interpretación “reiterativa” nos permite calibrar mejor (pero sólo en cierto sentido) el nivel de los actores, porque en las películas el tema de la motivación que suscite determino personaje en el actor lo hipermotiva para sacar de sí más de su nivel real o se limita a pasar por ahí para cobrar el cheque. Dicho elemento desaparece (si estás hipermotivado… mantenlo durante años, ¡imposible! Y si apuestas por la apatía… seguramente la serie acabe por ser cancelada) en el campo de las teleseries, donde, la discusión debería estar entre en qué punto queda el asunto de calibrar si estamos ante un utópico nivel medio interpretativo que el actor puede dar o ante un asunto acomodaticio en el que el espectador puede estar tan entregado al personaje (el factor encariñamiento, vamos) que pase por alto situaciones que en una película chirriarían sobremanera.

Esta doble posibilidad permite por un lado apelar negativamente a la carrera de actores que se “refugian” en una teleserie con un “está acabado” y no molestarse en ver más allá. Pero, ¿Qué sucede si el actor está en la fase inicial de su carrera? ¿suerte de caer en un papel idóneo, por estar en una serie de gran éxito, porque el público de estas producciones no es tan exigente? Es tan fácil valorar despectivamente las teleseries como lo ha sido hacerlo respecto a los cómics. El problema reside es que es tan fácil como equivocado. Cierto que existe el acomodo interpretativo y eso es algo que encontramos en no pocas teleseries, pero antes hay que saber llegar a él (qué fácil es restar cualquier tipo de mérito a conseguir una supuesta empatía perfecta con el personaje) y es ahí donde reaparece la duda: ¿En qué momento el actor se ha acomodado al personaje? Una forma de luchar contra la idea de que sucede al de pocos capítulos (o directamente en el primero) es la sucesiva aparición de episodios que, si bien descuidan el pilar argumental de la serie, refuerzan el personaje, lo matizan, obliga a revisar sus características hasta ese momento y determina un punto y aparte respecto al mismo. La pega es que eso no se puede hacer episodio sí, episodio también y, en general, suele limitarse a ir desgranando detalles, insignificantes para algunos, pero vitales para otros.

Y creo que voy a ir dejándolo aquí, que me hubiera gustado apuntalar algún detalle más, pero tiempo habrá (no quería eternizar esto) cuando toque hablar del aspecto de la riqueza de las tramas.

Ha llegado un punto en el que alto nivel de las teleseries norteamericanas (1) (también hay pufos y mediocridades, negarlo sería cometer el mismo fallo que despreciarlas sin más) está fuera de toda duda. No obstante, la gran duda razonable que un servidor tiene es si ha llegado a un punto en el que su interés ha sobrepasado al de las películas que nos llegan desde el país del tío Sam. A lo largo de sucesivos post (porque me temo que aglutinarlo todo en uno espantaría a muchos por el necesario tocho considerable que saldría resultante) pretendo demostrar mi idea de que las teleseries (no todas, claro está) ya mejoran narrativamente, a nivel de personajes y en otros campos a la producción cinematográfica. Cierto que tienen sus pegas que muchos pueden estar no dispuestos a aceptar, pero los tiempos en que las teleseries eran una tontería para entretenerse un momentito y poder no volver a verla nunca deben ser desterrados de forma definitiva.

Como breve adelanto sirva este post que encontré ayer en uno de los blogs que sigo con más interés: aquí (2)

Os pediría ya vuestra opinión sobre mi ¿alocada? idea, pero como mero elemento de entrada me conformo con saber el número aproximado de teleseries que habéis seguido (3) (sean actuales o no) durante este 2006. En mi caso andaré entre las 60 y 70 (y rabia me da que no sean más). Sin saber cuándo podré completar la primera fase de mi análisis ya os adelanto que será una comparativa entre el diseño de personajes del cine y la televisión norteamericana actual.

(1) Obvio expandir el criterio a nivel mundial por mero desconocimiento, aunque, al menos el caso inglés también merecería ser destacado. Ya el caso español, pues mira, hay mucho que mejorar, prácticamente todo a decir verdad.

(2) No es que quien lo diga lo tenga, ni de lejos, a nivel personal como un referente, pero creo que es alguien con suficiente importancia como para destacarlo.

(3) Con seguir no me vale haber visionado algún episodio suelto, sino haber visto en continuidad (palabra clave dentro de este campo) la teleserie en cuestión durante varios capítulos, preferiblemente al menos una temporada íntegra de la misma.

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